Lavajo la Fríjola, Lavajo del Buitre, Lavajo de la Venta…. Todos ellos bautizados, lo cual da idea que son algo más que charcos grandes o lagunas pequeñas. Según el diccionario de la RAE: «Charca de agua llovediza que rara vez se seca».

Son, o mejor eran, de una importancia capital en la España castellana. Se trata de depresiones del terreno (algunas naturales, y otras hechas por el hombre), diseñadas para captar el agua de lluvia y disponer de depósitos de agua durante todo el año a lo largo y ancho de cada término municipal.


Era habitual que en unas pocas hectáreas, confluyeran a diario varios ganados pastando y varios pares de mulas labrando los campos. Las necesidades de agua para los animales eran satisfechas por estos depósitos, sobretodo en los meses de estío, sin que, la mayoría de ellos llegaran a secarse nunca. Eran perfectamente mantenidos por los lugareños.En la actualidad muchos han sido tapados ó han sido invadidos por la maleza. Aún así puedo dar fe que, todavía hoy, muchos de ellos constituyen auténticas microreservas de flora y fauna. Sólo entre los términos municipales de Villanueva de la Jara y Rubielos Bajos (Cuenca), hay en la actualidad 6 de estas maravillas.

«Luna con cerco, lavajo lleno. Estrella en medio, lavajo seco.»