Pon un río en tu vida (La Casa del Río)

Cuando éramos pequeños, era habitual en verano, bajar a diario a bañarnos al río. En un tiempo en que no había agua corriente en las casas del pueblo, el río constituía la higiene diaria. Hablo de los años 70 y principios de los 80, no hace tanto tiempo.

Con el tiempo he sido consciente del enorme lujo que supone tener un pueblo con río. Ya lo decía mi abuelo: donde hay agua hay vida. El simple hecho de verlo produce una sensación de bienestar muy reconfortante.

Bañarse en el río no se puede comparar, de ninguna forma, con cualquier baño en otro medio. Quizás algunos (sobre todo los amantes incondicionales del mar) no acaben de compartir el mundo de sensaciones que produce un chapuzón en el río. La temperatura del agua, la corriente, el entorno, muchas veces en zonas de naturaleza abundante… El punto de aventura que implica meterse en lo desconocido.

La pesca sin muerte, la recogida de cangrejos, el piragüismo, saltar al agua desde cualquier roca ó puente ó simplemente lanzar cantos “rodaos” permite pasar ratos extraordinarios.

En este caso me estoy refiriendo al Júcar, con sus casi 500 kms. de longitud es uno de los ríos más importantes de la península. Tras su nacimiento en los Montes Universales (Serranía de Cuenca), recorre las provincias de Cuenca, Albacete y Valencia hasta desembocar en Cullera. Aunque ha sido “invadido” por el hombre a lo largo de su curso (presas, azudes, molinos, viejas centrales hidroeléctricas) nos ofrece espacios absolutamente espectaculares y zonas de baño inigualables. Cañones, gargantas, hoces, tramos navegables, tramos de rápidos hacen de éste un río para vivirlo intensamente. Su afluente principal, el Río Cabriel pasa por ser uno de los ríos más limpios de Europa. Tener la Casa del Río junto al Júcar lo considero un lujo.

Para los amantes de la ornitología y la botánica, en la mayor de su curso se puede observar una rica avifauna (próximamente publicaremos un post relacionado con este tema) y una vegetación de ribera muy muy bien conservadas.

Como curiosidad, el Júcar (Sucro para los romanos), no siempre ha desembocado en el Mediterráneo. Originalmente era un afluente del Guadiana acabando en el Atlántico, pero de esto hace nada más que dos millones de años.

En los pinares del Júcar
vi bailar a unas serranas,
al son del agua en las piedras
y al son del viento en las ramas…
¡Qué bien bailan las serranas,
qué bien bailan!

(Azorín)

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